6/2/17

Entre tonos de gris, Ruta Sepetys



Sinopsis



El conmovedor testimonio de una adolescente que quita el aire, captura el corazón y revela la milagrosa naturaleza del espíritu humano.
Junio de 1941, Kaunas, Lituania. Lina tiene quince años y está preparando su ingreso en una escuela de arte. Tiene por delante todo lo que el verano le puede ofrecer a una chica de su edad. Pero de repente una noche, su plácida vida y la de su familia se hace añicos cuando la policía secreta soviética irrumpe en su casa llevándosela en camisón junto con su madre y su hermano. Su padre, un profesor universitario, desaparece a partir de ese día.A través de una voz narrativa sobria y poderosa, Lina relata el largo y arduo viaje que emprenden, junto a otros deportados lituanos, hasta los campos de trabajo de Siberia. Su única vía de escape es un cuaderno de dibujo donde plasma su experiencia, con la determinación de hacer llegar a su padre mensajes para que sepa que siguen vivos. También su amor por Andrius, un chico al que apenas conoce pero a quien, como muy pronto se dará cuenta, no quiere perder, le infunde esperanzas para seguir adelante. Este es tan solo el inicio de un largo viaje que Lina y su familia tendrán que superar valiéndose de su increíble fuerza y voluntad por mantener su dignidad. ¿Pero es suficiente la esperanza para mantenerlos vivos?





Comentario


Esta es una historia conmovedora, de un tema que poco se conoce. 
Cuando hablamos de la Segunda Guerra Mundial, hablamos del Holocausto como si fuera el único hecho indino que ocurrió en ese período. Sin embargo, poco antes en 1941, Josef Stalin asesinó a más de veinte millones de personas, durante la ocupación de los países bálticos. 
Las deportaciones comenzaron en Lituania y llegaron hasta Finlandia, inclusive. Miles de personas de los diferentes países fueron trasladadas desde sus hogares hasta más allá de Siberia en el Polo Norte. Ahí quedaron las tumbas sin nombre, de mujeres, ancianos y niños que no tenían más culpa que habitar en dichos países. 
Y lo peor aún, fue que cuando la ocupación terminó y los sobrevivientes pudieron regresar a sus hogares, ya no tenían nada, porque los soviéticos en esos cincuenta años, se habían encargado de borrar cualquier vestigio de que las propiedades tenían dueños.
A pesar de eso, la mayoría decidió perdonar y reponerse a través de la fe. No sé si yo hubiese podido perdonar, ¿y ustedes?

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